Libertad de expresión, twitter y una franela

El mensaje enviado por una usuaria de twitter que la llevó a un año de trabajos fosrNo es para andarse por las ramas, la noticia de la condena a un año de “re-educación a través de trabajos forzados” aplicada a Cheng Jianping (@wangyi09), por re-enviar un mensaje via Twitter es, sin lugar a dudas, otra muestra más de la alta represión a la libertad de expresión existente en la China Comunista.

No se trata solo de la exagerada condena, sino del hecho de que tal condena fue hecha sin siquiera el beneficio de un jucio. Más aún, el procedimiento está completamente viciado según los reportes internacionales. Cheng “desapareció” el que sería el día de su boda y ni familiares, ni amigos ni el novio supo dónde se encontraba sino semanas después cuando ya había sido enviada al campo de trabajos forzados.

La guinda del asunto es que el mensaje original no pertenece a Cheng, sino a su prometido Hua Chunhu (@wxhch) quien, según reportes continúa en libertad. El mensaje o “tweet” en cuestión es este:

“Manifestaciones antijaponesas, destrozar productos japoneses, eso ya lo hizo hace años Guo Quan [activista y experto en la Matanza de Nanjing]. No es nada nuevo. Si de verdad queréis hacer algo, tendríais que volar ahora mismo a Shanghai para destrozar el pabellón japonés de la Expo.”

Cheng re-envió este mensaje agregando “Jóvenes airados: ¡Al ataque!”, lo que bastó para que la policía local arrestara y condenara a Cheng a un año de trabajos forzados por “alterar el orden social”.

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Image via Wikipedia

Este no es, ciertamente el primer incidente de este tipo y en realidad no es tan soprendente teniendo en cuenta de que se trata de China, el país con el peor record en violaciones a Derechos Humanos. Más aún, si tenemos en cuenta que Cheng es una activista que había participado en actividades en línea de bajo nivel en apoyo del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo y del defensor de los derechos del consumidor encarcelado Zhao Lianhai, así como en actividades de recaudación de fondos para apoyar a otros activistas.

Quizá lo más relevante de este tipo de acciones, aún más allá de la represión en sí, es la  relativamente poca reacción internacional. En cuestión de días tanto Chen como Xiao Bo han pasado de la primera plana a los archivos de noticias. ¿Es quizá el bombardeo de noticias de este tipo que recibimos a diario tal como sucediera con los activistas cubanos Yoani Sánchez (@yoanisanchez), Guillermo Fariñas, Orlando Zapata Tamayo y otros o los casos del agricultor Franklin Brito y la juez María Afiuni en Venezuela.

Cualquiera que se dedique a participar en campañas de Amnistía Internacional y otras organizaciones promotoras de los Derechos Humanos descubrirá rápidamente que no hay suficientes horas en el día para lidiar con las millones de violaciones de DD.HH.

Al juzgado por una franelaPor supuesto, no se trata de desistir, sino de seleccionar y no dejar que cosas como estas pasen por debajo de la mesa en un par de días. Tal será la prueba que tiene que pasar el caso de Miguel Ángel Hernández Souquet quien tendrá que presentarse ante los tribunales por llevar una franela en la que se leía “Hugo, me cago en tu revolución”.

El tema no es de posiciones políticas, ni siquiera de cuestiones ideológicas o de si el presidente de Venezuela se “siente ofendido” por lo que dice una franela. El problema es que cuando el gobierno es quien dicta qué opiniones pueden divulgarse, cuáles son verdaderas y falsas, cuáles son “patrióticas” y cuales “anti-patrióticas” entramos en un maniqueismo en el que perdemos todos, tanto quienes apoyan éste tipo de acciones como aquellos que sufren las consecuencias de tal represión.

Como he dicho muchas veces, “la objetividad es muy subjetiva”, pero hay cosas que deberían escapar esa subjetividad y la libertad de expresión es una de ellas y no lo digo yo, lo dice la Declaración Universal de Derechos Humanos de la cual Venezuela es suscriptora:

Artículo 19.

  • Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
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